Esposo comprado

Capítulo 25

Por el silencio que hizo Kadir, supo de inmediato que él se sorprendió enormemente ante ese hecho que le confesó. Vertió un poco más de Whisky en su vaso, y se lo bebió de golpe, omitiendo el hecho de que él no le había comentado nada acerca del tatuaje, mucho menos de los otros que eran aún más pequeños que ese, pero que no eran tan visibles.

— Puedes ponerte de pie —rompió el silencio después de unos minutos de silencio—. Decirle a tu abogado que te mentí, que tengo un expediente psiquiátrico, que estuve en una clínica para tratar mis problemas con las drogas, que estoy obsesionada contigo desde los cinco y que usé los materiales de mi tío para…

— Cállate, maldita loca —Kadir se pasó una mano por el rostro—. Estoy asimilando lo que me has dicho, eso es todo —echó más Whisky a su vaso—. No te voy a juzgar por más que te pase por la mente. No es mi estilo.

— Te quedas en silencio, me siento realmente molesta —ella lo miró—. Al menos puedes decirme que te doy miedo…

— No es eso —él se sentó—. Digamos que no creo que lo hayas hecho tú —al fin rompió el silencio—. Esa persona que estuvo contigo, pudo haberlo hecho…

— Kadir…

— Tendría sentido eso —Kadir cortó su hablar—. Apenas eras una chica de diecinueve años en busca del afecto que ya tenías en tu familia —la miró por un momento, antes de fijar su vista en el mar—. No podía quererte, Jasha. Eso lo sabes. Cuando me dijiste que querías casarse conmigo, apenas tenías cinco años.

— ¿Y cuál es la diferencia ahora…? Tengo veinticinco…

— Lo acabas de decir —bebió todo de golpe de su vaso—. Cualquier persona diría que te vi crecer… que solo…

— No me viste crecer, porque cuando tenía seis años me fui a vivir a Londres con mi familia —Jasha frunció los labios—. Si acaso me viste dos o tres veces después de eso, y todo porque mis padres odian ese país —Jasha tomó lo poco que le quedaba de su dulce—. Ni siquiera me prestabas atención y llegó un momento en el cual me dije a mí misma que no valías la pena. Por eso mis llamadas ya no eran seguidas como antes.

— Tus llamadas solo eran para recordarme que me iba a casar contigo cuando fuera a los Estados Unidos —Kadir tomó un plato de cena que ella había llevado—. ¿Nunca supieron de él?

— Asher desapareció de la misma manera en la cual llegó a mi vida —ella cruzó las piernas, sabiendo lo que le diría sería aún peor—. Cuando mi padre llegó por mí, me encontró en un hospital esposada a la cama con una intravenosa para sacarme la droga o lo que sea que me hayan metido.

— ¿No hay grabaciones…?

— No, no había nada de él en ninguna parte —rio carente de humor—. Muchos pensaron que lo había imaginado, pero hasta las grabaciones de la boda en la cual posiblemente él salía… solo desaparecieron.

— No recuerdo a nadie de mi círculo social que se llame Asher, mucho menos creo que…

— Piensas que fingí todo eso…

— No, porque en tu familia todo es posible —Kadir bromeó—. Con tu padre…

— Podía ver su cara de decepción al verme, lo sentía de ese modo —miró hacia el cielo, para que las lágrimas no fueran a traicionarla—. Mi madre no lo sabía, sigue sin saberlo —levantó las manos—. Ella tiene problemas al hablar desde que nació. Las únicas personas que lo sabemos son todos… menos mi madre y hermanos menores. Los mellizos.

— Tu madre…

— Si en ese momento lo sabía, podía alterar sus cuerdas vocales, operarla no era una opción porque por el estrés que le causaría sería mucho peor —se limpió la nariz con una servilleta—. Volví cuando tenía cinco años, hasta llegué a pensar que era de esas personas de los cultos.

— ¿Cómo se lo tomó tu padre…?

— Su mirada de decepción fue espantosa —su labio inferior comenzó a temblar—. Yo quería más drogas, las necesitaba. En verdad… no era yo —dejó el vaso en la manta—. Mi padre dio la orden de que me quitaran las esposas, lo primero que hice fue bajarme de la cama y buscar drogas.

«Cuando desperté nuevamente, las cosas estaban aún peor en mí. No podía siquiera pensar todo con claridad. Podía sentir en el aire la decepción que le había dado a mi familia nuevamente. Porque siempre mi padre ha tenido que ir a buscarme a la escuela, sin embargo, mis notas nunca fueron la de un segundo lugar, siempre iba de primero a pesar de mi comportamiento…

Recuerdo ese día, como él me miraba. La forma en la cual notaba que estaba por caer por mí. 

— ¿Pueden quitarle esto? —preguntó mi padre, sentado a mi lado—. Ella no es una criminal como para que la dejen así…

— Es una criminal, señor —mencionó el policía—. No quiera hacer que se vea como la víctima…

— Mi hija no mató a nadie, todavía no se sabe si había otra persona —masculló mi padre, irritado—. Haz algo, Kinian.

— Escuche, ustedes supuestamente están investigando —Kinian se metió, colocándose a mi lado—. Ahora suéltenla.

El policía sabía quiénes eran ellos, era obvio. Todos conocían el apellido Richter, lo odiaban a más no poder la influencia. Me soltaron, pero mi mente estaba en salir y buscar drogas por todos lados, las necesitaba. Ni siquiera podía pensar con claridad en las personas que murieron, porque no recordaba ese momento.

— Jasha —mi padre me giró el rostro hacia él—. Nos iremos a casa, ¿bien?

— No… quiero… yo quiero… —intenté que las palabras salieran de mi boca—… por favor…

— Ya hablamos de esto —él sonó severo—. Aclararemos los hechos, nos iremos de aquí.

Mi mente se mostró negativa, mis manos temblaban, por lo que cuando él me soltó, lo primero que hice fue ir a la bandeja de medicamentos. Empujé a cualquier cosa que se me pusiera enfrente, solo quería las pastillas que misteriosamente había dejado ahí.

— ¡Jasha! ¡No! —mi padre me agarró antes de que pudiera tomar las pastillas.




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